Conecta con nosotros

¿Qué Estas Buscando?

AB95FMAB95FM

Noticias

Muere Pablo Milanés, gran voz de la música iberoamericana, a los 79 años

El cantautor Pablo Milanés ha fallecido este martes por la mañana en Madrid a los 79 años, después de que su salud empeorara a causa de una enfermedad oncológica. Milanés es una de las grandes voces cubanas de todos los tiempos, creadora de inolvidables canciones de amor como Yolanda, Ámame como soy o El breve espacio en que no estás, que ya son himnos; un músico admirado y querido por sus compatriotas y también por importantes artistas de todas partes que hacían suyas sus letras y lo llamaban, sencilla y cariñosamente, Pablo, o Pablito.

Desde muy joven, el artista puso música a los versos de Nicolás Guillén y José Martí (nada menos) y fue un destacado pilar y fundador del movimiento de la Nueva Trova cubana, que deslumbró al mundo en los años setenta, y en el que hizo No le gusta que lo encasillen, porque su sensibilidad y su trabajo iban mucho más allá. Fue también el brillante cultivador del filin (del sentimiento), el bolero y la música tradicional cubana, el primero que rescató del olvido a viejos trovadores, como Compay Segundo, y sirvió de puente en su país entre generaciones y estilos, renombrados por su talento como uno de los grandes cantautores en lengua española.

Milanés (Bayamo, 1943) llevaba unos años recibiendo tratamiento médico en España, donde vivía con su familia. El artista cubano deja un notable legado de formidables canciones y cerca de 60 discos que lo ubican entre los nombres indispensables y más universales de la música iberoamericana.

La belleza de su voz privilegiada y su don para la interpretación, que le permitieron llegar a registros donde la mayoría no llegaba, junto a su manera poética de hablar, aparentemente sencilla, pero cargada de una profunda sensibilidad que tocaba el alma sin importar la razón por la que lo inspiró, marcó a generaciones de cubanos y latinoamericanos. Su música también tenía un fuerte arraigo en España, donde era muy conocido, y hasta en el pueblo más apartado donde actuaba, jóvenes, de mediana edad y mayores conocían sus letras. Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Luis Eduardo Aute, Ana Belén o Víctor Manuel son algunos de los artistas españoles que grabaron sus canciones y colaboraron con él. En su continente, figuras como Chico Buarque, Gal Costa, Armando Manzanero, Mercedes Sosa, Fito Páez, o salseros como Andy Montañez o Gilberto Santa Rosa, entre muchos otros, se contaron entre sus devotos e hicieron lo propio.

Principio y fin de una mañana verde, Años, Ya ves, no te pregunto, Hoy la vi o Para vivir son parte de esa obra de Milanés que trascendió edades y fronteras y se convirtió en la identidad de la mejor música hispanoamericana. . Canciones políticas como Volveré a pisar las calles, La vida no vale nada, o Me quedo, también causaron impacto en su momento, del que nunca se distanció, aunque sí de los dogmas y la deriva de la cubana. Revolución, a la que hacía tiempo que no consideraba revolucionaria.

“Soy un abanderado de la revolución, no del gobierno. Si la revolución se atasca, se vuelve ortodoxa, reaccionaria, contraria a las ideas que la originaron, y hay que luchar”, dijo en la década de 1990. Luego llegaron las canciones más dolorosas de su repertorio, entre ellas Días de gloria (“Vivo con fantasmas/ Que alimentan sueños y falsas promesas/ Que no me devuelven/ Los días de gloria que una vez tuve”); Éxodo (“¿Dónde están los amigos que tuve ayer? ¿Qué les pasó? ¿Qué pasó? ¿Adónde fueron? Qué triste estoy”) o Libertad (“Para qué seguir respirando / Si no estás aquí, libertad”).

Hablar sólo de sus composiciones políticas, o de las más poéticas, o de las más críticas en su desencanto, no basta para comprender el verdadero significado y dimensión del cantautor, en quien era imposible separar al artista dotado de lo sensible, persona profundamente culta. y cercana, que conectaba de inmediato con la gente y era capaz de mostrarse vulnerable ante el amor o de alzar la voz contra el racismo, la homofobia, el machismo (“Prefiero compartirla que perder la vida”, dice una de sus canciones) , o para hacer frente a cualquier injusticia.

Ese corazón tan especial, que ahora ha dejado de latir, es la esencia que explica su trayectoria vital y su obra, y es la razón por la cual su música siempre llegaba al público y lo desarmaba, ya sea cantando sus propias canciones o interpretando los sonidos de los viejos trovadores, o los clásicos del filin, el movimiento influenciado por el jazz que renovó la canción cubana en los años cincuenta y sesenta, y que tuvo un gran peso en su formación.

Milanés no sólo bebió del filin, bajo su fascinación compuso Mis 22 años, canción germinal que influyó notablemente en el surgimiento de la corriente en la canción cubana conocida como Nueva Trova. Posteriormente, siendo ya un artista consagrado, dedicó seis volúmenes al filin, que son verdaderas joyas de su discografía. En ellos interpretó como nadie a José Antonio Méndez, Marta Valdés y César Portillo de la Luz, entre otros grandes compositores, y lo mismo sucedió con la trova tradicional, leer cantando Sindo Garay, o compartir descargas con Compay, Miguelito Cuní, Luis Peña ( El Albino), o Cotán, a quien regaló tres discos antológicos que tituló Años. Más allá de su enorme labor como compositor, Pablo siempre quiso ser, y fue, un gran puente entre géneros y generaciones de la mejor música popular cubana, porque, para él, esa sensibilidad era el cimiento de todo.

En la vida del artista hay muchos hitos. Sin duda, uno de los grandes fue su paso por el Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, bajo la dirección del maestro Leo Brouwer, al que también pertenecieron Silvio Rodríguez, Noel Nicola, Eduardo Ramos, Sergio Vitier, Emiliano. . Salvador o Sara González, entre otros. La innovadora labor de este taller creativo, entre 1969 y 1974, cambió las formas de entender y hacer la música cubana, y eso se materializó en el movimiento Nueva Trova, que introdujo contenidos políticos y sociales en las canciones populares pero tratadas con un profundo lirismo. .

En tiempos de las dictaduras en Chile y Argentina, la Nueva Trova se convirtió en el alma de la izquierda y del movimiento revolucionario en América Latina, pero Milanés siempre combinó ese compromiso cívico con las más bellas canciones de amor y desamor, que son hoy, quizás, las más recordado. Al artista, que tanto aportó a ese movimiento, no le tembló la voz para denunciar y criticar duramente al Gobierno de su país al considerar que lo que estaba pasando era inadmisible. En una entrevista con EL PAÍS, recordando su paso por los años 60 en los campos de trabajos forzados de la Unidad Militar de Ayuda a la Producción (UMAP), donde eran «internados» religiosos, homosexuales y todos aquellos que no encajaban con los «reclusos» revolucionarios parámetros”, lamentó que nunca nadie en Cuba les haya pedido disculpas por ese terrible episodio que, dijo, “no fue un hecho aislado”, sino parte de un “proceso estalinista que perjudicó a intelectuales, artistas y músicos”. Según la historia, en 1970 empezó lo que se llamó el quinquenio gris, y digo que realmente empezó en 1965 y fueron varios quinquenios”, comentó entonces.

Además de músico, Pablo Milanés era ante todo cien por ciento cubano y ciudadano, y sus posiciones comprometidas lo conectaban aún más con ese público que lo adoraba y que para él era su razón de ser. Cuando en los días previos a que su enfermedad se agravara, ortodoxos de aquí y de allá lo criticaron como “contrarrevolucionario”, los cubanos salieron corriendo a defenderlo: Pablo es Cuba, decían en masa.

Milanés trasladó su residencia a España hace varios años para recibir tratamiento médico, aunque nunca se olvidó de su gente y volvía cada vez que podía a cantar y ver a sus amigos. Le trasplantaron un riñón, donado por su mujer, Nancy Pérez Rey, gallega y madre de sus dos últimos hijos, Pablito y Rosa, bautizado así en honor a Rosa Parks, activista afroamericana y gran luchadora por los derechos civiles en Estados Unidos. . EE.UU

El pasado verano, ya muy enfermo, quiso viajar a la Isla con su familia para ofrecer a su público un concierto memorable que fuera una declaración de amor, y una despedida. Milanés, ya en silla de ruedas, lo dio todo en aquella última presentación en La Habana y su voz sonó con más corazón que nunca: “Ámame como soy, llévame sin miedo/ tócame con amor, voy a perder la calma”. / Bésame sin rencor, trátame dulcemente / Mírame por favor / Quiero llegar a tu alma”, fue su última canción, y las gradas se derrumbaron en ese adiós. Después hubo una fiesta en su casa, y junto a grandes nombres de la cultura cubana, sus amigos de siempre, a quienes siempre fue fiel y que, como todos los cubanos, excepto los miserables, hoy amaba, estaban allí con él bebiendo ron y whisky. lloran, conscientes de que Milanés será para siempre uno de los más grandes cantantes de su país, que es mucho decir.

Click En Comentarios

You must be logged in to post a comment Login

Leave a Reply

Puede interesarte

Noticias

El gato es una de las mascotas más habituales y preferidas en cualquier hogar, gozando de muchas virtudes a la hora de elegirlo como...

Albacete | Noticias de Actualidad

Emilio Sáez recuerda los incentivos fiscales que aplicará el Consistorio para la instalación de puntos de recarga privados para coches eléctricos Asegura que siguen...

Cultura

Descripción El Ballet Cubano de Laura Alonso, hija de la legendaria Alicia Alonso, se presenta en el Teatro Circo de Albacete para representar «El...

Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad